29.9.08


Ningún equipo gana ni pierde cinco clásicos al hilo por una sola causa. Los hinchas, desde luego, suelen tentarse con explicaciones unívocas que pasan por una racha, buena suerte, mala suerte, hijos nuestros, etcétera. Allá ellos, aunque, quién sabe, el fútbol está lleno de razones intangibles, de fantasmagorías, de redondos misterios.

Pero mejor mirada la cuestión no es tan difícil establecer algunas coordenadas. Pensemos, por ejemplo, en aquellos albores de los 90 cuando a los Mellizos se les hacía el campo orégano. Gimnasia era un club ordenado, próspero, de flecha hacia arriba, y tales atributos se expresaban en la calidad de su equipo, ergo, en los resultados. Estudiantes, que era la otra cara de la moneda, solía perder los clásicos y como antes había perdido el rumbo, entre otras sensibles pérdidas llegó a perder la categoría. De allí su descenso y de allí lo grato que le sabe a la grey tripera evocar aquellos años.

Del 2006 para acá encontramos un enroque de protagonistas. El club ordenado y próspero es Estudiantes, esto pese a sufrir una crisis que en todo caso gravita en su interior. Sus vecinos, los del Bosque, andan en franca etapa de una recomposición por ahora insuficiente. Estudiantes dispone de mejores jugadores que Gimnasia, incluido Verón, que para estas paradas está sobrado en jerarquía y en orgullo de potrero. A pleno, o más o menos lesionado, influye en los suyos y en los de enfrente. También hay algo de autoprofecía cumplida. Cuando el Topo saca un delantero y pone un defensor, da una señal de debilidad. El Jefe, en cambio, parece decirle "ahora voy y te gano". En estos tiempos el jugador de Estudiantes no tiene miedo a perder y el jugador de Gimnasia tiene miedo a ganar.
Walter Vargas
Para Diario Deportivo Olé!